HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayuno sólo de manzana y vino tinto.
Venir a reposar un vals y volverse a ir.
A hacer nudismo de río y cueva y plegarse adentro con su aire.
Chapotear todo lo que sale rana roji-negra y hacerla mi piel.
Y beber la vida por cada centímetro del cuerpo.
Llegados a la felicidad, después de tantas tumbas, qué qué importa cuál sea su nombre. Si todos los rostros y desperfectos caben entre sus piernas.

Volver a tener 15. Beber a dos botellas, un trago, a un crujir de caderas, siete lunas. Morderte la oscuridad con champán y margarita. Subir los grados, a otro planeta.
Rodar en la hierba. Desearte cada vez más. Rendirte en mi redención. Y seguir.
Encima de la alpaca, en la ribera y en la cumbre, abrazando el árbol que se mezcla contigo.
Tentar a la policía con el fuego de tus ojos.  No anillarte, sino estrella fugaz del tiempo que en verdad no existe. Espacio conquistado con labios de gas, raposa de luna llena, cada vez más allá.

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