HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

mi sombra raposa
pegada en tu pared
chupando del espejo
tu hueso desenclavado
sortilegio de la maldición de tu madre
tomada del semen que la tatuó a golpes el terror animal de no saberse
mezclado en aquella cocina sin pan y sin futuro
naciste tú, temblando absenta helada de las ausentes manos del cielo

nos conocimos otra noche cualquiera que a nadie importa

te dejé mis marcas
en el reclamo del suicidio de una orilla

yo me metí todo el infierno adentro
cuando la escapatoria era beber en su muerte, el último hueso
darlo de carne a la guardiana de la caza y la noche, rio muy abajo
dadora de la sangre de tu sexo
cuando tu jeringuilla vacía se parte en el cristal
que me refleja encima de ti, como la zorra y la urraca

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