HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debajo de los árboles, un instante, sentí su fuerza contenerme y empujarme, expandir la brecha de fuego, hacia el aire. Supe que estaba perdiéndome y comprendí el camino. Mi placer me atrapaba, cuando me separaba de mi guerra hacia los labios del infinito. El gozo mundano ya nunca puede ser bajo las nociones de atrás. He de ir hacia las alas de la nada. Volver a abrir los oidos en el vacío. Saber las montañas. La necesidad de trepar a la cima. Sin mí, sino dentro del cosmos.  El silencio ha de guiar mis decisiones. Y no la pasión, no ahora. No he de desquitarme contra el viejo hielo de caracola. Acorralándome de aullido desbordado hasta los hospitales y la muerte. Eso ya lo conozco. Ya no me pertenece. Mi fuego es hacia la libertad y las alas de la tierra mojada encima de las nubes.
He de destruir el vicio de la eternidad. Es la lucha. El conflicto era dentro de mí, mi escenario del cabaret de los excesos. Mi trampa.  A las alas del mar, no se llega con un hombre dentro, no se llega incendiando como una bomba nuclear el grito de los cipreses. Se llega, cazándose a solas en la mente, órbita de los sueños donde entra la nada, me saca de mí y del miedo que el yo la tiene. Y me recorren las hojas volantes de los árboles de nieve y de las primitivas llamas que se ocultan en las escaleras de tordos sobre el viento que se escapa de la atmósfera, agujero de gusano del pentagrama de lo extraordinario.
El reto, es entrar en mi lujuria desde el orgasmo de la piedra.
Es aniquilar ese corazón desbocado y hambriento, a través de los golpes de la crueldad del agua.
El reto es mirar de frente a la tentación de salir volando por los aires, y cubrirla de la tierra de las tumbas y de las hogueras.
Me desaté desbordando la elipsis, para galopar de ángeles los inframundos y cielos. Y allí abajo encontré mi cadáver enloquecido.  El mismo que me llevó en el pasado a la comisaría, a urgencias, y al manicomio. Pero ésta vez su olor era demasiado poderoso y la muerte demasiado peligrosa, para no perfurmarme de ella, la verdadera arma de las mariposas negras y su umbral. 
Yo era mi demonio desbocado. Pero era también su caza y captura, su liberación en mi puchero de bruja de las estrellas que no son mías.  No iré nunca más, al orgasmo de la fiera. No seré permisiva con mis delirios. No le daré más luna a mi yonqui.Ya no hay tiempo para romperse los huesos. La muerte ya no permite perder el paso. Aguarda en mi sombra con una mandíbula afilada de enana blanca y golpe vertical. Si no la escucho, me devorará sin darme el canto. 

No puedo pararme, ni acabar contigo esa cerveza ni esa noche. No puedo escuchar a maruja contarme sus pelos en el peine, negando las pulgas. No puedo darle a mi crucifijo tus salmos. Tú has de dárselos a la muerte, ella es la justa, ella es la que sabe. No puedo andar de abogada de tus diablos, dando carroña a los míos sin saberlo. No puedo transgredir la crueldad con la que me busca el rayo, dándote a ti mis sucios mendrugos, tu limosna del infierno. He de abrir en el corazón su violencia natural. La urgente guerra de lo inevitable, de la verdad. Necesito dar muerte a mi sucia amante, prostituta de lo blando. Darle un cuchillo, donde olvidó su violencia. Clavárselo a él en la espalda. Usando el arquetipo líquido del gas desabriendo puzzles y umbrales. Beberle de sus ojos la oscuridad, meterla en mi útero y sacarla por los dientes de mi loba desposada con el Sol y con su lucha. Abrir en mi útero la espina, el cóctel molotov, y recuperar el amor de mi violencia liberada, sacar mis colmillos y jugar a matar cuando corra peligro el canto del fuego.

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