HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estar furiosamente también dentro de mí. Ser de la soledad, mis llaves, la tráquea, el canto. Ser del poema y los árboles, mi otro lado, el que siempre me da caza, el que me lleva, donde nadie se ha quedado.
Salir fuera, hasta las estrellas, el vino tinto que flota, el camino de barro entre los pliegues prohibidos de una marea que te oceana los huesos sin límite. El amor si es que es existe ahí afuera.
Pero entrar más profundo, mucho más profundo. Ésta ha sido mi única casa. Las muertes, la vejez de la palabra recien nacida, siempre me trajo aquí. La duda, y tantas dudas como huellas derramadas.

Hoy juego a ser humana.
Porque sentía que llevaba 15 años sin serlo.
Juego a la inocencia de beber los bosques con otro cuerpo, de reír la muerte con otra boca, de besar la vida en otros labios, de escalar el exilio, amantes, niños que buscan en el monte, los pies del fauno. Decir el amor cuando nunca se ha sabido qué es. Como adolescentes, como gatos, como dos astros ene celo.
Juego a tentar a mi loba esteparia a morir.  A probarme los límites, esnifarlos y destruir mis lados. A no estar a la defensiva con mi corazón y mis huesos. He estado tanto a la defensiva que había mil calaveras debajo de mi cama. 
Juego a la decencia que otras veces me había sido una hoguera desbocada, profana de quién camina sin tierra.
A echar raíz, aunque sea en la osa mayor.

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