HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Faltaba en ese bosque con tu cuerpo incendiándome los frutos y las estrellas. El amor. Así que lo robamos al viento y la serpiente.  Hicimos una metonimia donde era asesinado todo territorio y palabra. Y el amor volvió a nosotros con la forma de un rayo arrebatándonos el primer polvo de la humanidad... se acercaron las bestias para olernos de felicidad descuajar los árboles y volar del éter a los confines de la nada. El pecado sólo existe si lo consideras como tal. No hay nada guarro en un corazón libre. Todo es natural. Y la naturaleza no es jamás la vírgen maría. Lo natural es tan salvaje y vehemente que te obliga a morir para reconocer su beso y su galope. Te clava las zarpas, te quita el pellejo y las máscaras. Te pone de frente y encima y debajo y de través de los infiernos que te echó encima la civilización y la represión que acordaste con su moral.. y te folla con ellos, todos los aullidos hasta eclosionarte de sangre y orgasmo la libertad. Tiemblas el placer de acudir al suicidio incendiado de tanto gozo. Vuelve el animal y sus ojos de fuego desatan tempestades donde nunca se hace pie. 
No sabías qué bestia te había parido y vivía en tus entrañas dislocándote el cielo. Y al reconocerla abierta de piernas al fuego del Sol, succionando del cosmos todas las memorias y palabras, vuelves con ella, ya para siempre muy dentro de la vagina y de la luna.

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