HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me chupo las sábanas donde los colmillos de tu vaso sudan esperma y hacen heroina en el agua.
Yo bebo, viuda negra de tu alma.
Ojo derretido en el espejo, arañándote en la espalda el orgasmo de los muertos.
Cabagalmos como un eclipse que se mata en los acantilados, y la lluvia ácida agita la sequía del desierto.
Cabalgamos, hijos sin madre, con una bola de cristal creciendo en las entrañas. Atrayendo la verdad de la inexistencia. Ciegos de la tierra sin tierra. Locos del amor sin amor. Sorbiendo el hachís por el sexo y echando por las uñas la cárcel desolada. Lo hacemos hasta perder el aliento y todas las memorias.
La luna roja, en el lecho, echa soplete al hueso que dará el último jugo que tu lengua no probará.

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