HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto de un sueño desgarradamente blanco. He estado muy lejos. Paranoica. Ausente como Léolo en el armario cuando se le partió el amor donde el sueño se ahogaba del mundo. Así que quemo naves. Vuelvo a lo que toco, a lo que miro. El mal de altura lo regriego de zapato de barro. Regreso de cueva tus pañuelos mordidos de llama. No voy a volver a la locura. No voy a joderme la cabeza entre quimeras y trenes descarrilados. Cavo, desde ese papel que ardió en tus balcones, la voz tiritante de la madreselva, beso de vino tinto cuando la calle desolada te sueña de muertos esos moratones.

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