HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me di cuenta que ese no era mi mundo.
Yo juego con una metáfora en medio. Leo todo del revés, por mi enamorada dislexia, entre el verso que rompe la gramática, en mi agujero de árbol y en los hocicos del lobo. Pero también sé leer, de letra en el mármol.
Y ese tipo de hechizo, cuando se trata de un amante, dura poco.
Mi corazón hinchado del amor etéreo, se muere si lo humano, empieza a hacer peso. Si mi poesía se enfría. Es Ella, sólo ella, la que me dicta el canto y la pisada. 
Si su  senbilidad de vagabunda, se ve asediada por una  botella rota de ginebra o demasiada tierra. Ella me apura el adiós. Se va y me lleva.
No hay ningún otro camino. No lo hubo nunca. 
Ella es la jurada infidelidad para seguir siendo honesta.
Detrás de sus ojos, hay mil teatros que se usarán en tu contra, si me crees lo que se creen tus ojos y a ella no le dan licor. 
Yo no follo contigo, follo con ella, en tu cuerpo. 
Tomo tu éter, tu propia ella, con la exclusividad de tu fuego. Pero siempre es Ella.
Y ayer, no la llevaste al cielo. Te vi animal de dos patas, primitivo, no la saciaste, no volé. No me supo ni a primera ronda. 
Ella es salvaje, ella es serpiente, árbol y manzana, huerto, desierto, hambre y paraiso.
Ella no se casa con nadie. Sino con todas las estrellas, la célula rizoma, el vals del LSD, el orgasmo del piel-roja.

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