HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me volvió a dar, un cambio de vocales, en los labios de ese pájaro de la muerte. 
Estuve rebuscando en un ensueño los recuerdos de mi útero a través del sol y me encontré con unos muertos sin enterrar.
Volví a creer que de verdad era él el demonio y estaba atado a mi vagina. Y que yo debía empezar la guerra y cortarle de raíz el aliento que me dejó tan adentro.
Así que le escribí la metáfora para deshacerlo, para penetrar mi duda, para atacarlo si es que fuera él y entonces mostrara su rostro..., y amarlo, si es que fuera mi delirio.

Y en su respuesta, comprendí otra vez el juego de mis teatros, de mis espejos temblantes de hachís y de rayo. De hielo, de fiebre, de ayahuaska. De esa espina tan dentro de mí y que salé descabalgada por mis grutas y se fija a lava al beso de la nada, penetrándome el abismo donde extrañas mariposas locas se mueren de semen de Mercurio.

Y supe que éramos tal para cual. Un espejo cuando disueltos en medio de la apoteosis, abrimos demasiado las piernas del cielo.

Había demasiadas dimensiones.
La energía nos dibujaba paraisos y Leteos, nos fundimos en lo desconocido, desarmados y sin límites. Abrimos del todo, las capas exiliadas de la memoria del cuerpo. Y salió a fuego la verdad. Yo le hice trampas a ella, y ella se volvió un puñal en mis sueños. Mis sueños me salieron por los ojos, mezclados con los excesos de salir volando por los aires, el hash, la cerveza, no dormir sino dentro del incendio, y empecé a tener visiones, de las señales no bien decodificadas del espíritu. Que querían pillarme al revés.  Y era sólo yo, frente a los laberintos de mi yo. Sólo yo, ardiendo por la mitad. Con mi puta y mi santa bailando ballet sin zapatos, y con estrellas por los pies, aplaudiendo en la espalda un salto mortal.

Y cuánto placer al que le dimos todas las respiraciones, todos los huesos, todos los planetas. Empecé a creer que él me había hecho un hechizo. Que un hombre no sabe hacer eso. Que él no era de éste mundo. Me encontraba siempre el punto G y el resto del alfabeto.  Me llevaba volando tan lejos, tantas horas,  tantas galaxias, de forma inagotable, que pensé que me había embrujado. Pero creo que yo hice lo mismo con él.

Era yo mi querido Satán..... Lo convertí en un demonio, porque no aceptaba mi naturaleza salvaje y desbocada. Mamá y el sistema y todos esos siglos de fascismo y rosario y cruz, habían metido el demonio en los ovarios de las mujeres, en su casa, en su futuro, porque nos quisieron a imagen y semejanza del patriarcado..... Y el demonio se hizo VIDA, cuando se le hizo el amor hasta la locura. 
La verdad es inevitable.
La paranoia y la pesadilla ayuda mucho a desvelarla
Porque entre dos mundos, sólo la poesía de la locura, el lenguaje metafórico y cuántico, entre los sueños y la eternidad, ayuda a correr. Y a arrancar la máscara a los arquetipos. Y ser libres.

Hay muchos lados. La mente no basta para saber. Lo que sabe es el fuego oculto del cuerpo y el viento que azota las huellas en esas calles donde no existe la sombra y el sonido es lo ultravioleta de un animal que a la mitad es rayo. Lo que sabe es el corazón, más allá de la vida y de la muerte.

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