HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Recorrer pasajes de la adolescencia que fue a arder tal vez al manicomio, tal vez a la mano congelada de un vuelo sin mundo. Urgencia de la muerte cuando era tan fuego el horizonte.
Volver a tener 15. Asaltar la piscina por la noche. Nadar desnuda. Secarse a la luna. Amar. Tostarse de estrellas, del olor de los pinos, del canto sin penitencia.
Y qué importan las respuestas. Cuando un día el cuerpo será fiambre. Helado de los labios ciegos de caminos arrugados del que nadie trajo de vuelta, una palabra.
Hoy echarle un pulso a la vida y a la muerte. Salvar la mariposa del conjuro. Arrancar en pedazos la careta de la calle y las paredes que conservan en las casas, el cobarde silencio de morir sin haber volado, hacerlo suburbial de la pasión del benceno. Hacer el amor para saber hacer la guerra, a quién ha venido a prostituir nuestra libertad y a mercar con nuestros cuerpos, sudor y lágrimas, gritos y ataúdes, mostrador del capitalismo y de la miseria.

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