HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tenía miedo de verte otra vez y deseos de verte otra vez.
Saber que contigo me perdía de todo lo conocido. De todo lo jurado al beso de los abedules en mi soledad. Saber que íbamos sin frenos hacia el incendio de la luna. Y querer arder hasta la muerte.
Nos besamos en tu coche cuando ya te ibas y quedamos para el martes..esa acampada los dos solos en el bosque, sólo al lado de las estrellas y las llamas. Deseaba tanto volver a verte.
Pero el lunes, te dije que no vinieras. Que me iba a ir muy lejos de montaña y lobos, de versos de plata quemada, de nunca más con mi cuervo de los mares. 
Tal vez me da miedo el amor, la constancia, todos los regresos.  Me gustaba sernos nómadas muriendo de vida y placer, en una caravana que caía entre llamas al fondo del océano. Pero no sabría conocernos demasiado tiempo. No sabría alojarte en mi vida, ni alojarme en la tuya. Sólo en el bosque que viaja.  Sólo un rato, irnos sin el peso de la historia, con el infinito salpicándonos de orgasmos de estrellas. Tu olor y tu fuego marcado en el horizonte que migra. Sin mañana.
Me daba miedo, no resistirme, si estabas a mi lado. Desearte tanto que el corazón palpitaba a pura locura la irracionalidad de los lagos que ebullen. 
Yo flotaba por los aires. 

Aquella última vez,  le escribí ésta carta de despedida, 

Querido J;
Conocerte fue reencontrar fuego salvaje. clandestino entre mis grutas... volverlo al aire, respirar pájaros en la vagina teñidos de tu llama, osar el placer más allá de la palabra, del tiempo, de la vida y de la muerte, de la tierra, de la ley de gravedad.
Tomar las alas de los caminos mojados. Embriagarme de los lobos escondidos en tus ojos. Abrir costilla a costilla, la sal, la salvia, el barro y la hoguera.
Pulverizarme en tu respiración de hash y de luna. Desvestirme de gozo todas las pieles. Beber vino enloquecedor de tu cuerpo a las estrellas. Calarme de mar entre las piernas al olerte cerca.
Y sin embargo me eres un peligro. Porque nunca habría suficientes montañas donde fundirme contigo. 
Y yo tan vieja, tengo una monja-pielrroja detro. peregrina de desiertos, camino hacia la madre más vieja de todas las estrellas. Donde el útero se desposa sólo de luna llena. Soledad del misterio de la roca. Por eso no puedo acostumbrarme a tu fuego ni cegarme de tanto gozo.  Aunque entre mis piernas te cantan tambores de ayahuaska. Tú tan misterioso y salvaje, hijo de las hogueras.  Dulce de las flores alienígenas en mi piel. Tan adentro. Tan volcánicamente. Que he de irme, porque moríriamos. 
Por eso con mi mística te beso todos los árboles que me penetraste más allá de lo sabido. Pero ella ha de irse a su claustro de luna llena. No te olvidaré. El fuego tiene también tu nombre, tu sudor, tus ojos."

La leyó.
Y nos dimos dos danzas escuchando esa música de bares verdes.
Le juré que sería la última vez, hasta la locura si quería, pero nunca más.
Y volví a enloquecerme, a no resistirme, a no tener ni puta idea de nada.. Empezams a querermos humanos, a hablar de la acampada,  de irnos juntos al mar, de vernos entre la nieve del invierno. Y un sin fin inagotable de deseos insaciables. Creo que le amé. Y eso me puso reloca.
Y patas arriba todos los horizontes.

Yo ya no amaba en esas nociones. Ya no quería nada entre los humanos. Sólo de mares. Sólo de poemas que flotaban más allá de la tierra y de la necesidad. 
Mi corazón se había ido entre los mamuts y los ríos. Todo lo miraba con una vertical distancia acrecentada de la soledad enamorada del rocío. Era extranjera de la especie. Feliz de las cabras que tiran al monte. De las exiliadas del porqué y del futuro. 

Y cuando él apareció, un deseo escondido, suicidado. Regresó a mi pecho. Y eso me enloqueció. O tal vez es que estoy viantada desde que salí del vientre de mi madre.

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