HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vuelvo a tierra extraña.
Saco el descapotable desde el cadáver del perro que me habla a 200 metros bajo tierra.
La oscuridad me pide los papeles, el nombre, las coartadas. Lo quiere todo. Yo se lo doy, para quedarme libre junto al vacío.
El verso explotó en esa gota de sangre.
Le doy su alimento.
Arriesgo el doble o la nada.
No hay otro camino en la prisión.
Adentrarse. Forzar el vómito en la grieta.
Caldear el esqueleto de la vuelta de campana.
Duele, pero sería peor, claudicar.
Hay que actuar. Hay que desencajar el hueso de la tumba.
Si la noche se escondió en tu espejo. La luna roja arribará el hacha.
El rostro volverá al humo. La voz a la inmensidad.

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