HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no te evitaré. Ni te buscaré.
No te diré la X. Para luego despejarla en su muerte.
No te haré de contrarios, la cabeza, un canuto.
No diré nada.
No haré nada.
No moveré mis pucheros. Ni mis manecillas.
No haré preguntas.
No formularé a mi raposa sobre tus ramas.
Ni a la tortuga en el manantial.
Ni a la puta y a la santa, peleando por la leche de la vírgen, toda ebria de semen, para destetar a los falsos dioses y derribar todas las autopistas y catedrales.

No lo pensaré. No lo despensaré.
No te usaré para mi metafísica. Ni para el verso. Ni para el cielo. Ni para el infierno.
No sabré nunca nada.

Sé que estarás allí.
Sé que estaré allí.
Pero nada nos pertenece.

No haré cosquillas al diablo ni al dios. Para sobornarnos la bienvenida ni la muerte.

Iré, como va el viento.
Sin a dónde llevas.
Sin quiénes somos.

Iré, sin conocer el Ir.
Sin ajustar el pluscuamperfecto, ni el quizás, ni la ayahuaska.
Sin darte el ataúd. Sin darte mañana.
Sin dármelo jamás a mí.

Que diga sólo la luna.
Que nada de lo que la palabra pueda abarcar se interponga al infinito y la magia.
Ya no quiero nunca más, vivir creyendo que sé lo que es la vida.
Ya no quiero ni fantasmas del pasado ni del futuro.

Ni chismorrear mi cazuela de bruja y sus planes de ser dios.
Yo soy sólo ceniza que ama. Fuego que desobedece. Caballo en busca de la mar de Alberti.

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