HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No lo he hecho para distanciarme. Lo he hecho para no hacerlo.
La costumbre de hablarnos todos los días, nos separa de la alegría del fuego.
Tú vives lejos de aquí. Yo me voy mucho más lejos entre mis montañas y la soledad. Juntar palabras en esa fragua nos muerde el precipicio. Yo no quiero saberte conocido ni a mi lado cuando a la mitad soy la evanescencia de la nada.. Ni compartirte el rocío y la niebla de mi morada del desahucio de Alicia.
Yo sólo quiero tu alegría y mi alegría, sin contratos, ni de mañana, ni de debería.
Yo quiero amarnos cada vez como dos desconocidos. Sin peso de la memoria, sin embargo en el corazón. Sin sé dónde estuviste ni lo que forma tu vida, ni lo que hemos hecho con el sexo de la luna ni con las carreteras de la medianoche cuando estabamos lejos.

Quererte en cuerpo y presente.
No alargar la sombra.
No joderlo todo. No hacernos necesidad. No juntarnos el agua y el aceite. Tal vez porque sé que no funcionará, que el poema es la distancia. Y para salvarnos todavía, infieles canciones, preferí decirte que no me digas nada mientras, que te espero con vino y humedad y monte, cuando sea que el viento nos cruce.

Porque quiero salvar tu canción en mi pecho, nos prefiero amantes sin tierra, sin dirección, sin datos personales.

Siempre carnaval, sólo carnaval del deseo y las estrellas.

Ella no necesita a nadie a su lado.
Ella tiene un brazo de madera, una tumba de viento, un hueco de sol.
Ella te destruirá si te llama, me destruirá de ti, si la permito reclamarte cuando los dominios son de la bruma.
Ella ha de ir de gatos y de lobos, el canto del horizonte. No puede hacerte un hueco en su cama, porque amaneceremos cadáveres, sin paredes y sin esperanza.
Ella no sabe nada de los gritos compartidos, porque aprendió hablar, sola, sola de todos los mundos, la fe del camino.
Ella se muere de amor, pero es su destino, desfallecer del Imposible, lavarse las cicatrices en un lago de luna y cantar cuando nadie la escucha. 
En ella nadie puede quedarse, ni siquiera yo. 
Y para poder amarte aún el blues y el tequila, ella ha de asesinarte de su horizonte y su piel.

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