HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora no me preocupa nada. Ya no tengo ese vértigo de mirar mi muerte en tus ojos. Ya no tengo esos carámbanos congelando mi puerta. Ya soy otra vez del fuego que se cambia de manos entre la tráquea de Marte. Y camino, miro hacia el horizonte que la noche fragua donde nunca se distingue la pared del agujero, ni el suelo del topo. Amo, amo el escalofrío, la pasión, aunque nunca me haya devuelto una palabra. Soy de barriobajada esquina entre amapolas y llamas. Mi irracionalidad se compromete a salvarnos. Mi inconsciente es una araña-útero que teje insondable el camino de dios, aunque todos de esqueleto y fosa, sucumbamos al renglón roto de la música.

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