HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Allí me dolió el corazón. Como si el hombre de hojalata cruzara la calima y las islas desaparecidas de una lluvia muy lejana mordida en puertos que se tragaron los vendimiadores al confundir su pecho con una azada.
Era ese dolor viejo, de mil caminos sin zapato, de libros sin voz, de voces sin labios. Mucho más allá de él y de la tierra.
Era mi penumbra de extraterrestre. Mi hipersensibilidad de amanita y de anémona. Mi fragilidad de mujer-cristal y sólo viento. 
Me hirió su distancia en esos instantes como todos los cantos de desamor unidos en la lágrima de Franquestein, borracho en una acera dando patadas de plomo a la sombra de los tilos.
Me herí dentro de mí misma como si yo fuera un monstruo. Una criatura extraña que habla idiomas incomprensibles donde jamás llegó de vuelta una palabra.

Yo salí bailando con un esqueleto de un tigre del manicomio. Salí del réquiem con un sapito en mi garganta. Con una hiena entre los tambores. Con una flor de otro mundo haciendo danzas árticas donde el poema no conocía a ningún humano.

Es mi sombra del corro de la bruja. Es mi destino.

A él lo amo todas las vidas porque alguna vez me arrancó todas las soledades y me hizo reír como patito feo que encuentra su manada, como chimpancé que vuela entre los árboles. Como niña que vuelve al Nunca Jamás y canta.

A él lo amo porque alguna vez me hizo sentir el verdadero amor, en una órbita lejana y hermosa.

Aunque hoy mis animales vuelven a caminar solos.

Ese dolor que sentí, era también el Tigre, la noche de su espíritu, la comprensión de sus mundos del éter en las vértebras deshojadas de las margaritas de Marte.

Ese dolor me dijo, ché, ya se apagó aquél peyote. De frente a frente, somos un agujero de gusano entre una estrella fugaz y el olvido.
Me susurró que he de correr tan rápido como los rayos. Que para llegar a mi casa debo andar mil intemperies de desierto y hojalata sobre el fuego otra vez sola.
Me dijo que aquella medicina de ternura de lobos era sólo la noche más hermosa de un verano, que nos salva y luego se va.

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