HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato ya tengo que irme. Cerrar la mochila, vestirme, entrar a los trenes rumbo a la mar y lo desconocido. A ese lugar donde nunca me sirve nada de lo que he escrito, nada de lo que he planeado, nada de lo que he dicho que debía hacer o no hacer. Porque allí, floto sobre el fuego, mi vida vive sobre la magia y el éter. Voy recien nacida el peligro de la belleza, sus arrecifes, sus inframundos, sus oasis y sus queimadas, bailes alrededor de la hoguera, aquelarres de viantados defensores de la luna, y mi única guía allí, es el corazón derramado, es el escalofrío, es lo telúrico, lo que no conoce que habrá en el siguiente paso, lo que no pretende, lo que no busca nada concreto, lo que no sabe nada. Sólo vive. Vive y no escribe, no colecciona, no fotografía, no es metafísica, no es memoria, no es el reflejo nunca de lo que yo quiero, es una mar bestial y evanescente que me quiere a mí y no me deja oir sus palabras ni ver su rostro.
Por eso voy allí, como van los pájaros, las nubes, las olas, la teoría del caos, los faunos y extraterrestres, los dibujos de tiza, los entierros vikingos, el celo de las tigresas merodeando tierra de nadie.

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