HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche hablé con él. Y se me metió dentro el cubismo de la distancia. Lo nuestro es así, a veces habitamos el paraiso, a veces regresamos a Comala, deshacemos las señas, no buscamos al padre, de los cipreses un rasguño en el horizonte esculpe la ceniza que adentro aguarda el fin de una fecha. La palabra entonces no sabe nada. Alicia no abre su habitación. Sopla un extraño viento que desvela en las cicatrices libros que quemados acariciaron en la montaña la historia agónica de un verso. Pero no es un duelo. Es sólo la largura del Sol cuando los cuerpos son inútiles.

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