HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer puse un rostro al traje de payaso del patio. Era un rostro fantasmagórico. Me quedé un instante mirándolo y entré como en trance. Sentí que el payaso vivía, que era de papel, y pensé que él me decía, tu risa es mi esqueleto, escribí en la pared, tu risa es mi esqueleto, yo soy el payaso del opio, el papel y la sangre. Luego me inquietó mucho lo que yo había escrito. Y al mirarlo otra vez, sentí una especie de oscuridad de hachís. Pensé que cada día estoy más loca. Como si el payaso se riera con carcajadas de mal viaje de LSD en mi mano vacía. Iba a pintar una muñeca del patio y pensé en ese estado no era buena idea porque luego me iba a causar espanto.

Por la mañana me hizo gracia que se acercaron dos hombres con maletines, no sé si vendían algo, o si eran testigos de jehová, pero no se atrevieron a entrar al patio. Me gustó que mi muñequita de vudú de Alicia, causara efecto. 

Estuve también quieta sentada en la cocina. Muy quieta y muy callada. Todo estaba en silencio. Las pinturas que había allí, empezaron a brillar y moverse, tuve una especie de viaje onírico. Recordé el trazo de encima de la ventana. Lo hice cuando la abuela estaba en el hospital. Era una especie de línea de cielo y ventana sobre ventana, clavada en la piedra. Lo hice porque sabía que ella iba a morir. Luego vi ese otro trazo que hice allí cuando murió el abuelo. Vi mis ranas. Vi que ya estaba en-ranada del todo sin remedio.

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