HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En éste pueblo mi reencuentro con la humanidad es muy complicado. Estoy suspicaz con la gente. Anoche por ej, yo caminaba con mi perro, y había un señor que llevaba otro perro y de lejos los perros se pusieron al ataque , me dijo, no lo traigas hacia aquí, yo no iba hacia dónde él iba pero tuve un instinto de ir directamente hacia ellos y morder yo, ya que Kavka no conoce ninguna violencia. Eso no me pasaría en ningún otro sitio. Cuando estoy fuera de aquí, comprendo el mundo de las personas, desde un canto marinero, nómada, más amante, más de canción de Larralde, de vino viejo y de olvido, de caminantes todos en medio de la nada.
Pero aquí hay una extraña sombra. Como de la venganza del lobo. Recuerdo que en el verano, caminando con Yoseba, no sé qué dije a unos vecinos, y él me dijo, luego dices que no eres violenta, yo le dije, no soy violenta, no es por mí, a mí ellos nunca me hicieron nada, no sabrían hacérmelo, es por lo que le hicieron a mi abuelo.

A veces es como si tuviera doble personalidad, la del lobo y la de la niña. Cuando me da la del lobo, lo interpreto todo, en una pelea de un rayo y el beso del mar. Me recorre algo sanguíneo, muy rojo, muy fuego, me da un azote la adrenalina, no sé qué exorcismo, no sé qué música, me llega como un rock and roll y me dispara, y yo me siento más orgiástica, más feliz, más viva. Me siento el desquite de Marte liberando todas mis sombras. Y la niña desaparece. 

A veces camino con la niña, y soy amor, soy olvido.

Entre ellas se acechan.

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