HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es normal que sienta el vendaval. Debo aflojarme la dinamita y la luna. Aceptar con amor mi inquietud y mi angustia, y no mirarme a mí misma como la hoja de la navaja. No culparme el Sol por no sentir su paz en mi costado.
Vengo de una metamorfosis.
Por la playa de Barcino, el Quijote cambió a Dulcinea por la Muerte.
Yo quise más whisky en el vaso del velorio. No renuncié a la amanita y mi cuerpo partido a la mitad hundió la flor del desierto en el crepúsculo. 
Es del todo normal que esa bala venga hacia mi frente. Y que yo sude extraños versos entre la nada y las estrellas.

Me habla la realidad, atada a cinco puntas de nitroglicerina. Yo busco un significado homógeneo donde sólo sobreviviría un unicorno. Es del todo normal esa bofetada de la cumbre de la montaña en mis papeles amarillentos, en mi hueso-flauta, en mi tirachinas de agua y de pinos.
Debo respetar a mi angustia. Debo respetar al espanto de la noche. Moverme sin ser yo el verdugo del Sol. Si se atraviesa un precipicio, debo reconocer la dificultad como un vino y una canción, y no como una flaqueza interior. Debo abrir del todo la atmósfera y escuchar todos los poemas, escribirlos, vivirlos y quemarlos. Sin pena, sin queja, sin miedo.

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