HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado trabajando un poco en la casa. Atravieso un momento raro, entre un golpe y una isla desmemoriada, entre el beso agujereado de las tabernas, la calima, los chopos, esa grieta entre los mundos que me desostiene, que me lleva de un lado a otro, que a veces me arranca los papeles. Esas visiones por las que a veces mato, por las que a veces muero. La palabra que me salva y que me suicida. El rodar de los montes cuando tu lágrima es vino, cuando mi grito es ese pon otra y sigue.
Debo reconciliarme con la evanescencia del bosque. Pero la mariposa es un fractal que también tiene un espejo negro. Subo y bajo las escaleras de la luz y de la oscuridad. A veces soy atrapada por el tajo de la rareza. Navego. Trato de mantenerme en pie. Trato de no quemar a lo bonzo mi vida. Trato de convivir con las que soy sin que no salgamos con los huesos rotos. Trato de amar, de cantar, de moverme. Olvidar agravios, dárselo todo a la ayahuaska del indio. Vivir como las nubes, como los trenes de vapor, como el canto que no rompe siempre la cabeza contra la mesa.

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