HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy no he podido escribir casi nada porque estaba el albañil.
He estado trabajando en la casa. Comí en el patio, al sol de enero. Otra vez rodeada del silencio, de la desconexión, del beso del vacío, de la naturaleza sujetándome, de lo callado, de la mueca de aire entre los dedos. Necesito mucho silencio, porque conozco demasiadas palabras, porque mi mente está llena de significados, porque le cuesta mucho cesar. Hoy al trabajar en la casa y en algunos espantapájaros, mi cuerpo usaba las palabras y no mi mente. Ellas eran agua. Tengo que volver al baile de los objetos y de los sueños, sin que yo esté todo el tiempo en medio. 
Fui consciente de calambres en mí llenos de ruido y agitación y pude llevarlos a otro sitio. Volví a sentirme hacia la mar. Hacia una transformación que vuelve a la casa del bosque.
Ahora voy a ir al monte.

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