HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La nieve desata su vehemencia. Yo me recojo de coral que rompe en la pared un silencio. El silencio es el otro lado compacto y combustible, del vértigo donde el gemido, reclama en el significado la carne. El silencio es esa báscula de fuego invisible cambiando de mano el tenedor. Tiene el mismo pozo por el que se cae a veces en los sueños y nunca se llega abajo. Tiene también el poder de la materia en esa siderurgia de huellas que vuelan entre las garras de los árboles. Es un golpe seco que abre hacia una eternidad la soledad, la muerte, y el encuentro, la sinergia cósmica y hambrienta, de toda esa tropa de indigentes etéreos que pelean en el corazón la mano del horizonte.

La nieve lo envuelve en mí. En ese mí que nunca acaba ni empieza. Que no sabe nada con el lenguaje ni con la memoria, y que todo lo sabe con el analfabetismo que la hoguera escribió en el hueso, como esa puerta de la cueva de Alibabá, como ese espejo de manos de la Yagá, debajo del río, retorciendo la transversal del fondo de la tierra donde el Sol ha amado.

Ayer cumplí 32 años. No sentí ninguna emoción. Las fechas desde hace ya mucho son devoradas por los mirlos. Lo único raro es que por la mañana cuando escribí la fecha, puse 25 de enero de 1986 y hoy por alguna razón en el cuaderno escribí 26 de enero de 1985. Cuando escribo nada más despertarme en mi cuaderno de los sueños, todavía estoy dormida y mi inconsciente flota. Hoy al escribir una fecha donde yo no había nacido, pensé durante un segundo que se debía a esos extraterrestres y muertos con los que había soñado y que tal vez ahora en mi vida recorro el mundo de los muertos. Pensé también que el lugar que me llevó a aquél ensueño, había una clase de seres conscientes que querían retenerme en su enana blanca y que yo debía recorrer ese extraño mundo para irme definitivamente, no quedarme allí jamás.  Todo eso lo pensé, en tres segundos, con un tipo de raciocinio bastante onírico y evanescente, cuando me pongo a pensar así, esas verdades que me llegan se agasajan mucho en mi hueso, por irracionales que parezcan. Pensé que al haber seguido al monstruo aquél y a esas criaturas en ese mar de la muerte-matriz, llegué a un lugar muy raro, a un confín, y que ahora debo salir de allí, comprender allí. Y regresar a mi centro, si es que el centro existe. Si es que no es también una enana blanca. Si es que la etereidad puede mantener una consciencia individual que no trague la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario