HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La nieve va desapareciendo, aunque el blanco tiñe todavía todo el paisaje. Me pregunto el verbo que susurró ese ataque de ceniza de mi escritorio, cuando me recorro, como el cristal roto del espejo, en el ojo vizco de la mariposa, desplegando el pretérito del hollín cuando no queda nada. Vivo muchos procesos de la existencia, durante el día. A veces mi conciencia sube y está el poema y la música, la vehemencia, a veces, hay espacios para el Franquestein que deshoja arañas en la grieta de los suelos. El aislamiento genera una comunicación mucho más profunda con lo inconsciente y con lo existido. Las personas ocupadas en trabajos y vida social, las personas que conviven con personas, tienen menos tiempo para investigar de la soledad sus sótanos, la náusea de Sartre, la pasión de la enana blanca remando en la tierra húmeda.
Yo tengo un sub-yo, que recoge de vez en cuando mi esqueleto y lo rehoga de vodka y de olvido. Suele aparecer cuando ya no estoy alerta, cuando ya no busco la palabra ni la música, cuando ya no hago, esa criatura se mantiene lejos cuando estoy inspirada, se mantiene como el otro yo de la musa, como su chivo expiatorio, también está lejos cuando amo y disfruto de la compañía de alguien. Pero todos los días me lo encuentro un rato. Es el subyo que teme, el que me descose Itaca, el que me boicotea, el que me rompe la maquinaria de la alegría. El que está siempre en el polo de la muerte, de la depresión o la nostalgia, de la angustia, del temor, de la grieta, el que me desprecia, el del suicidio. Ese subyo es natural, porque la mente es cuántica. Todos lo tenemos. Cada afirmación que hace el corazón, tiene un polo negativo que provocó dolor, de ese polo nació la intensidad de la alegría y del baile, pero en su abajo está la muerte.  Cada certeza que creemos tener, cada sueño que defendemos, tiene una grieta donde el subyo hace lo opuesto. 
Yo estoy unida a esa oscuridad del subconsciente desde hace mucho. La desarrollé con delirio. La viví a hierro y puñal. Mi cuerpo conoció todos sus golpes.

Tengo que alejar al sub-yo en una vuelta de campana, cuando esté en él. Tengo que hacer un ejercicio vertical de la conciencia. Tengo que detener su aliento corrosivo al beso del cuervo. Atraer entonces a mi doble. Ser consciente de la pluralidad. Tengo que sacarlo de la médula espinal, de lo que recoge el sentimiento de existir, dislocarlo hacia una extremidad y sacarlo de la digestión del ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario