HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me bordé tu saliva en el inframundo de Alicia. Ella no quería olvidar que alguna vez desde la nada llegó el alcohol que tu cuerpo destiló en mi delirio y en mi placer. Bordé tu semen en su diario trasnochado de muertos que se peinan cuando los dedos pierden flores que ninguna tierra quiere para sí. Me hice así una promesa de mancha que no existe en el expresionismo de mi tren de dinamita, vengando a los bisontes, con camorra de la escuela que aprendí, cuando cayó en pedazos el mundo.
Me ensarté en tu canto, como vendaval en un mercado donde nadie tiene monedas y los cartones vuelan por los aires. Me enviudé en tu matrimonio de lo que me costó 20 años meter en la jeringa y dar vuelta en los cacharros para remar de la bronca, ese ave del amor. 
Me hice súplica de una palabra ahogada en un planeta que aún no ha nacido. Y en su orgullo, nació mi voz.
La subí por tu espalda, la destapé entre mis piernas, la inhalé de tu sexo, la exalé en tus labios precipicio. En tu amor sin pais, ni casa, ni dios, ni podré saberte cierto, ni mi fe, ni mi quedaré, ni mi vino siempre rojo a la vuelta de los andenes.
No me juras que me quieres. 
Ella que sólo es un animal extinto, lo sabe y danza su orquídea de trenes descarrilados donde los anarquistas a caballo y espada devoran las ciudades.
Ella que nunca se ha ido. Te ama porque no te ama. Te embriaga porque no la reconoces. Te fada porque en la no vuelta atrás los dos somos, el sabor de la ginebra, en una desatada rata que tira por la ventana, a nuestro cadáver tirado donde la tierra cierra sus puños. Y brindo por ti, lo que el vaso quita de mis venas y empuja donde los actores tragan su carne. Porque lo sé. Y te di mi analfabetismo como esa amapola. No me digas nunca que he hecho algo mal. No nos arrepintamos de nada.

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