HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me inquietan las personas de mi ensueño.
En los sueños normales, la construcción, es el espíritu, todo es yo, nada es yo. Las personas y objetos que aparecen en los sueños normales, son partes de un cuento del ser, de una exposición teatral de todos los sentires, suburbios e islas del espíritu. El significado es el todo, y no lo que bebe el yo del cuerpo del sueño. El yo del cuerpo del sueño, es también el espejo y máquina de escribir de cada cosa que aparece en el sueño.
Pero en los ensueños, el cuerpo del sueño, es todo el ser, es consciente, es profundo, decide, elige, juega, investiga, se pregunta, sabe que está soñando, se sabe a sí mismo, explora, recuerda lo que ha vivido dentro y fuera, pone en práctica instrumentos dentro del paisaje del sueño, acecha, piensa.
Por eso me inquieta tanto quiénes son los otros.  Porque no son yo. No son mi espíritu. Por eso me trastoqué éste verano. Porque le busqué una explicación equivocada. Mi razón y mis nociones me engañaron.
Aunque tal vez, también sean reflejos del yo más profundo. Tal vez haya una paralelidad en el modo de interpretación con los sueños normales. Tal vez en el yo más profundo, la Yagá es el Sol. Y todos somos la Yagá.
En el ensueño, yo a veces interactúo con esas personas, desde mi conciencia ordinaria, desde mi yo terrestre y mundano. Y eso es un error y a la vez una semilla. Allí estoy en lo desconocido. Y arrastro mi raciocinio. Por eso mal interpreté muchas cosas. Debo aprender a vivir ese mundo como lo desconocido y habitar el mundo ordinario, con naturalidad y armonía. No debo ponerle prejuicios acá ni allá. No debo manchar con interpretaciones lo Inefable. Y debo separar esos dos mundos donde se bebe el fondo del océano y unirlos y unirme, sólo en la Mar.

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