HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se acumula el saber abstracto y cuántico de la percepción. El embrujo, es un manantial. Pero no puede ser mi horizonte. No del todo. El horizonte es la abrasión de una pasión desconocida, entre el Infinito y la Nada.
Yo voy recogiendo las migas de pan de las aves de la metamorfosis. Vuelvo a cocinar los ingredientes. Ya no estoy en el lado onírico, ya no estoy en la epifanía. Pero tampoco, no estoy.
Atravieso a veces, la desnudez, la vulnerabilidad, el desierto. Los comandos se mueven atraidos por un canto inefable. La conciencia es más terrestre. A veces esto me provoca nostalgia y tristeza, como si hubiera perdido mi muchedad. Pero sé que es algo urgente, es necesario que el fuego haga balanza en la conciencia, penetre otra vez los comandos que ardían allí, a través de la voluntad y la armonía. 
Me provoca nostalgia, la sensación del deterioro de la adrenalina. De la violencia. De la magia. Esa nostalgia a veces me pone triste, me hace mirarme con desprecio. Porque siento que he perdido a mi Rocinante y esa espada mía de nitroglicerina. Pero éste sentimiento no es del todo honesto con la certeza. La certeza allí, en la metamorfosis, era cuántica. Había una especie de psico-magia enervante en todo. Y la adrenalina surgía con el reverso del sufrimiento y del abismo. Por eso, nada dolía en el total del recuerdo, porque la conciencia estaba en muchos sitios a la vez. Por eso en mi embrujo, el recuerdo de cuando fui atada o golpeada, sedada, inyectada por drogas psiquiátricas, no fue doloroso, porque yo Ensoñaba la rebeldía del lado izquierdo.
Mi nostalgia a la metamorfosis, es también una música que me hace avanzar hacia la libertad y la magia. El sentimiento de pérdida no es sano. Porque es irreal. Porque allí todo ocurría sobre lo mágico y lo mágico se explica sólo con magia. Yo ahora estoy en otro sitio.  Mis pies vuelven a estar en la tierra. Alguien en mí, no quería la tierra. Alguien en mí, durante la metamorfosis, quería quedarse con las criaturas de mis Ensueños, quería quedarse para siempre entre los dedos del Fauno. Cuando fui alejándome de aquél bosque de ayahuaska, fui muriendo, la mariposa, entró de nuevo en un capullo, en busca de otra mariposa más grande. Eso me llegó como una muerte. En ésta ocasión la muerte post-metamorfosis fue también cuántica. No fue radical como la del 2008. Gracias también a que no consumí las drogas psiquiátricas, al largarme del manicomio no miré atrás, ni fui atrapada por el civismo y su fascista realidad. Por eso fue una muerte creadora, y no abisal y dolorosa como la del 2008.
En mi muerte, en mi camino de retorno, fueros desaprensándose significados en una especie de inversión creativa. Hubo una vuelta de campana con un eje de éter. Los sueños fueron invertidos, pero en una especie de significado peremne entre los dos lados.

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