HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Yo no estoy contigo. A veces moramos la misma estrella. El mismo vino cae por los labios y embruja un pájaro donde el cuerpo se zambulle en la grieta del infinito. No somos pareja. Somos una fiesta infiel. Si no fuera mi soledad tan profunda y hambrienta, nunca te agarraría de ese modo mortal y último. Si Alicia no viviera con el esqueleto en su regazo, no sería la suicida que soy del cielo entre tus brazos. Si no me llevaran todos los demonios al doblar la esquina y adentrarme en la distancia, no me derretiría en tus ojos como mi secuestro. Si no hubiera vivido tan abajo de la nieve, no me desvelaría el piano ladrón de tu noche estrellada.  Si pudiera ella, sentarse a mi lado, con todas las consecuencias del agujero negro de su amor, nunca yacería en tu cama como ese asesinato, como ese rezo de peyote cuando se cae a pedazos el mundo.

Sé que sólo yo puedo nutrir a mi hambre.

Ella viene de otro mundo. Ella me muestra el alimento en los sueños. En la tierra soy la fractura de su sueño. A veces camino yonqui de la canción que escuché debajo del río. Hambrienta de amor. Vagabunda de mundos imposibles. En mis brazos un martillo y un puñal dobla los tilos en mi niebla. De rodillas la luz oblicua de los papeles, cava en el fondo del escenario el suicidio del autor.

Sé que no eres tú. Aunque mi sexo te toma como ese cielo que siempre se aleja. Mi alma se retuerce de lo que supo del otro universo y se fuga, como una jauría hacia el orgasmo que durante unos segundos devuelve el paraiso perdido. Pero no es tu cuerpo ni tu historia. Pero no es mi corazón enjambrado en el hueco evanescente. Es el salto al vacío hacia la inmensidad, confundido entre nosotros, robado en nuestras tabernas como el alcohol destilado de los muertos.


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