HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al monte un rato, he sentido otra vez el horizonte abierto y no dando vueltas alrededor de una navaja. Aunque siento una especie de peligro rodeándome. Una agitación que se tensa en un anacoluto, en una pasión desbordada, en el soltar del pie sobre la tierra. Todo lo que me rodea está colgado de un hilo, aunque entre los chopos y la nieve volví a sentir un lugar seguro, un flujo de continuidad impersonal y abstracta. Es eso lo que verdaderamente calma mi grito, algo que no tiene qué ver con mi lenguaje ni con mi historia, algo que en lo inefable toca una canción de amor y yo no necesito estar ni ser para defenderla. Permanece como un chasquido en el destornar de los árboles y sube su susurro donde el invierno cae y avalancha la desnudez de carbón de los troncos. Ese sentimiento de calma, es muy fugaz en mi existencia. Por eso lo necesito tanto. Es el revés de un acto de fe, porque no viene de mí, yo no tengo qué hacer nada, sólo abrir los ojos y mojarme de tierra.

Mis instintos a veces me reclaman un acto de fuego, una catarsis, una culminación de no sé qué, una entrega a lo desconocido, a la exuberancia junto a los humanos, en la calle hirviendo. Y en su otro lado, algo me reclama en el canto del silencio, bajo el regazo de lo distante, en lo introspectivo. Estos dos centros juegan con mi introversión y mi extroversión, dándome ideas opuestas de la felicidad y de la plenitud. Eso me genera una obra dramática en el medio. Un continuo remache de pólvora, un carro que carga los puntos cardinales en un látigo. De alguna forma siempre albergo una pérdida, un reencuentro vertical con la nostalgia. Un yo hambriento. Y el hambre se vuelve el motor del camino. La insatisfacción es el cuerpo, es la manera de tomar impulso y de dejar la huella. Por eso nunca toco lo que me toca ni lo que toco. Por eso no soy capaz a sentir la integración de las criaturas de mi psique. Cuando el tiempo juega su zarpa, cuando la conciencia se piensa a sí misma para ser consciente, un cable se corta del espantapájaros y vuelven a llover maderas quemadas en el patíbulo.

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