HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vivo a mi manera.
Calavera y lluvia.
Muerte de los chopos.
Cuchillo que a veces perdona.
Filo que se equivoca.
Vientre que se desvientra.
Amor que se olvida de sí. Que todo lo ama. Que nunca nada tiene.
Vivo de pura casualidad el caos y la deshacienda.
Tengo un broche de cigarras que fuman hachís con el sol cuando llora.
Tengo un botón de bala que me desgaja la piel cuando me toca la luna.
Tengo un naufragio que raya la pizarra con letras de algas olvidadas, de gusanos y perros... y me dice que ya no quiere llorar, que ya no quiere darme una razón para apretar el gatillo.
Yo todo lo que digo lo desdigo algunas horas, cuando me rehago de la grieta que engalana el doblar de las caderas de un barco sin dueño.
Vivo escupiendo a las nubes.
Cortando cables, quemando papeles, borrando fechas en tu semen, rompiendo tratos en tu espalda, matando la fe en el mismo vaso que me la devuelve.
Vivo sin cotizar a la seguridad social, con el impuesto revolucionario de los ninguno.
Vivo debiéndole a lo inefable lo concreto que sangra en el suelo de la bañera cuando tu amor era mi muerte, cuando no me importó, cuando de mis dedos cayeron máscaras de mezcal y cubrieron en tu cuello mi crueldad con esa vehemencia de payasos de papel, de quijotes de gas, de locos de isla, de cigarrillo de estrellas, de promesas formuladas sólo por la parca.
No renté jamás lo sabido, ni lo dolido, ni lo gozado.
La niebla escondía un lobo de fuego, en sus lomos, cayeron todos los escenarios.
Me da espanto su muerte, cruzo al otro mundo, me visto con su seda, digo seré yo el Mercurio mortal o jamás será.
A veces tengo mucho miedo y me escondo entre las marañas de mi pelo y sintonizo la radio con mi esquizofrenia y siento los caballos de la muerte relinchar agujeros semánticos en mi cable con tijera, y la vida artificial que ahí afuera paga a Iberdrola nuestra oscuridad, echa mierda que en mi copa se retuerce de la luna negra. Y yo fumo. 
Vivo con el fantoche en mi jazmín, en mi coñac, en mi carne.
Mi verdadera actriz sólo sabe ladrar. Ella vela el fondo de mis ojos.
Si me paso de la raya que te esnifas, es porque una vez me hablaron los charcos de lejanas islas.
Si un día, el corazón no aguantara tanta pasión sobre ninguna parte, romperé su último poema, sobre una boca que al fin calle todo el universo en la hoguera que se enciende.

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