HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato iré al monte. Me gusta hablar con la hierba. Me gusta amar cuando yo ya no soy yo y nadie es humano ni tocable. Cuando mi amor no tiene objeto ni motivo. Cuando se pierde como yo me pierdo entre los dedos del bosque. Me gusta cruzar la línea de mi inexistencia y renacerme en el devenir de la oruga y de la urraca. Me gusta dar patadas y mordiscos a mi yo humano y desangrarlo como mi cadáver del renacimiento en la certeza de las amanitas. Esa rabia se manifiesta con los humanos en forma del pulular de la avispa del estramonio. Mi monstruo lo comprende. Mi monstruo sabe que jamás podrá explicárselo a nadie y que por eso siempre estará solo. 
Me gusta ir vestida con las ramas de la zarzamora. Y comer la distancia que hay entre el río y mi madre. Yo soy la huérfana que ha nacido de un huevo de cocodrilo en un lugar donde no había agua. Por eso Alicia sólo es feliz entre los faunos. Los faunos juegan conmigo. Los faunos a veces quieren matarme. Los faunos a veces me hacen creer cruelmente que jamás existieron y que yo soy una piedra atascada en una alcantarilla. Pero a mí no me preocupa. Porque mi amiga serpiente volverá a casa. Ella siempre vuelve a casa cuando no se tiene en pie ni un ladrillo.

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