HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy en el trance comprendí que algo del viaje del Ensueño, me había provocado también pavor. Una expulsión mortal. Algo de aquello aunque en su momento formara parte de una atmósfera que mutaba y desplegaba de través al vientre engendrador de la muerte la acumulación del cubismo. Dejó la distancia entre mis dos cerebros, el miedo al monstruo. Mi suspicacia. Mi indefensión. Mi zona arisca que acababa renunciando y retomando el escepticismo de los desiertos y la albura de la ausencia y la despedida. Aquél miedo subconsciente estaba dentro de la huesera. Era natural que yo tuviera miedo. Porque allí alguien de mí murió. Porque allí hubo una radiación de una realidad sobrenatural que venía agazapada en las sombras que descorren el escenario pero que duelen del mismo modo, como un mal viaje con estramonio, como la entrada a la locura a través del hierro fundido. 
Ahora ya no me da tanto miedo. Ahora coloco el canto de las espigas entre esa bestia y mi yo y mi no yo. Ahora pongo delante mi fe a lo extraordinario. El piar del amor.
Hoy comprendí que yo tenía miedo al universo. Tenía miedo al Fauno. Algo de mi pellejo estaba amotinado tratando de arreglar la grieta enardecida. Pero me equivocaba porque quería hacerlo desde la estructura de un alfabeto. Yo debo saltar al vacío del amor de monstruo. Y los pájaros retomarán su vuelo. En el fondo sé que aquello que yo sentí en el más depredador espanto, era una metáfora que me prestó mamá muerte. Y que era de vital importancia para que yo siguiera el camino. Era una broma de duendes. Aunque yo creyera que me estaba muriendo de la peor de las formas. Lo que había detrás era la semilla del éter. Mi yo necesitaba morir. Algunas de las conjunciones que había asimilado cuando estaba poseida por el hueso del carnero en el laberinto del fauno necesitaban derribarse y arder. Fue la reacción de la magia cuando yo atenté el delirio de mi herida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario