HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La locura es morar lo que la razón no entiende ni abarca, lo que no es respaldado por los hechos ni por la cultura, ni por los sentimientos, ni por la última bala de los heraldos negros. Al final es muy simple y muy bella. Fúmate las neuronas de las piedras, deja el esqueleto en la entrada, tal vez nunca regreses, lo que es seguro es que no volverás a ser el mismo si aceptas bailar con ella.
La locura es natural como la evaporación de los charcos, como el magma quemando la hierba, como el libar de una semilla en el agujero donde termina el yo y el tú.
Los prejuicios que se tiene sobre la locura, son los prejuicios que tiene el ego apoltronado a una nómina y a su servidumbre. Son de cuadradas cabezas y muchas reglas y números y huchas para salvarse cuando aquí no se salva ni dios.
La locura es ese umbral mágico y tenebroso que se hunde en los secretos de la naturaleza y se atreve a abrir los ojos y a aullar el significado, aunque llegue como un asesinato.
La locura es tomar prestado el pellejo de los árboles, el albafeto de los jabalíes, sortear la nada y el paraiso, escupir el ano del cielo y tirar abajo los cimientos de la humanidad. 
La locura es esa fiesta en la que todos debían emborracharse de libertad, animalidad, infierno y cielo, para de verdad llevar los ojos de los perros al atravesar la calle. Saberse polvo. Saberse volcán. Saberse nadie. Llevar la humildad de los monstruos en una botella que aún sepa reír.

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