HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora el café. La búsqueda de los significados y de la pulsión. Sé que hay una tensión que se alimenta desde el desierto y que es bueno que se mantenga, porque provoca el movimiento. Aunque sea algo desasosegante.
Ahora estoy más silenciosa. Quiero ponerme a leer dentro de un rato. Un silencio tiñe desde las montañas mi sumidero de pinturas viudas. La incursión ha abierto todas las heridas, todas las sendas, cantos y grietas. Todo en mí convulsiona lo que alguna vez viví. Yo me sostengo por esa tensión, por el hambre, por algo que en el fondo toca en mí lo que está más allá de mí. La forma de oirlo, es la llama, es la agitación inefable, es la angustia que no se suelta del amor al bosque, aunque a veces el reconocimiento sea el machete de tierra, el grito del vacío. Sé que hay algo cuántico en mi angustia que provoca la expansión de la polilla y el descenso a mis infras. Por eso sé que el desasosiego y el dolor que a veces ahora me llega, es también un pasadizo del bosque y que sostener el equilibrio y el paso, es abrir el ojo del insecto, la fe en el Fauno.

De momento me mantengo hacia la soledad del monte. Hay regresiones que vienen desde muchos animales de mi interior. Ellas abren de nuevo todos los comandos, agitan entre el desierto y el bosque, la memoria de mi cuerpo sale de sus escondrijos. A veces hallo lo incómodo. Y duele. El dolor abre el rizoma. El velado quita el escenario a través del borboteo de la herida y detrás está la bruma, un cabalgar de un lobo, un crotorar de lluvia en mis esquinas sedientas.

Ya he escrito hace unos días que de algún modo ahora llego como la intrusa. Y el descenso hacia la ley de gravedad del corro de la bruja y su otra polaridad entre los labios de Monstruo, provoca en mí una convulsión. Y es sano que esto sea así. Es sano que yo no encuentre reposo. Porque es momento de vagar. Sería un error levantar por estos lares mi cabaña. Sería un error pararme y narcotizarme por ciertos poemas.

Yo he estado en el pasado otras veces en el desierto. Pero no era tan consciente de él. Lo recorría desde la ignorancia, el alarido, la pelea, el ardor del bucle poético, el armar y desamarse. El equivocar el vino tinto y el marfil. La cólera escondida o la cólera expulsada agarrado al hueso de un violín de llamas. El desarreglo del lobo. El apetito de la caverna entre los cardos. El fracaso del exterior de Alicia y su motín hacia el interior.

La Polilla cuando viene, obliga a atravesar el desierto, o bajar una montaña y luego subir otras tres. Obliga a apretar el gatillo y desenterrar cosas y enterrar otras. A purgarse a través de los chillidos animales. Yo sé que detrás está el bosque. Pero tengo que moverme como si no lo supiera. Tengo que saberlo con lo que no habla. Hay un nudo gordiano de ella, en el tambor de mi cuerpo y sus memorias. Hay una mano que todo lo roba y otra que todo lo ofrece. Hay un animal salvaje amenazándome desde la cima y cantándome para que lo cante. Espantándome y atrayéndome. Lo que yo sé a veces se pone en mi contra. Lo que sé desde ciertas ecuaciones incompletas no puede quedarse conmigo y vuelve a la Polilla que le da muerte. Porque detrás de todo está el Fauno. Porque sólo la cuántica puede llegar. Y lo único fiable es un extraño instinto inefable, que a veces entre la hojarasca o el viento, respira y señala el camino. Es como si esa respiración viniera desde las profundidades de la muerte. Desde la bruma. Desde un lejano tambor de agua que acaricia muy sútilmente la contradicción de lo sutil y regenera en el aliento, el nombrar de un universo, de algo que uno mismo no puede abarcar ni portar, y que a la vez es lo único que puede tocar el corazón en el corazón.

Otras veces cuando vino la Polilla. Yo no sabía qué era ella. Y viví el proceso desde una conciencia ignorante, con el resto de metáforas viscerales y en avalancha... que a su vez construyó el fuego de la conciencia que luego la siguió. El Bosque nos lleva cada vez a sitios más profundos en su interior. Cuando hay más conciencia es más alto y peligroso el error. 

Ahora todo se abre. La tensión es mi aliada. El hambre es el que me muestra de a poco, las palabras de la canción que necesito.

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