HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora es conveniente que me mantenga en movimiento. Los lugares a los que iba a cantar mis dormideras y a complacer a mi angustia con mis cantos, ahora son peligrosos. Los lugares donde me echaba una cerveza y cantaba el blues de los perdidos y la esperanza de los marineros locos, también lo son. Ahora es conveniente que acuda a la llamada de la muerte. Y que me mueva para no permanecer en su sombra. Estoy cruzando hacia mi zona más oscura y herida. He reconocido un depredador interno que durante todo éste invierno yo di de comer y perdí mi visión. Su amenaza me da miedo. El miedo me hace reaccionar y moverme, buscar al Bosque. Defenderme. Atacar. Sufrir mi infierno. Caer. Levantarme. Resistir. Ir. Son tiempos de volver a estudiar los anagramas oníricos. Pero ya no puedo quedarme tampoco mucho tiempo en la metafísica y humo de la escritura. Hay que subir al monte. Tampoco es bueno el alter-ego de mi raposa ni el lodo de mi rabia. Tampoco atascarme en noches suicidas, ni en culpas. Ninguna respuesta de mi coraza. Ninguna trampa del velado de mi secreto. Está muy cerca de mí la pesadilla. Pero también está cerca la brizna del bosque. Tengo que aprender a protegerme a la vez que me vulneralizo. La piedra secreta es muy extraña. Ahora voy al monte.

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