HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora es momento de aprender a tejer la sombra de los tordos y las abichuelas, el agua y el cansancio de la piedra cuando ese coágulo se abre. Ahora son días de cuidar de mí, como si estuviera bajo 40º de fiebre, pero no con una canción de cuna ni un rezo. Sino con la pasión de escalar una montaña. En el hambre, en el frío, en el Hueco, en el monstruo que vivía detrás de mi corazón, a su lado. Aprendiendo por primera vez a ir de su mano y no como alma que lleva el diablo huyendo de él. Es tiempo de trabajar hacia el tímpano de la madreselva y del cuervo. A decirme muchas veces que no, ante los lugares a los que iba a descansar, a narcotizarme, a dejar para luego del luego y canturrear sapos. Pero también a darme aire cuando necesite aire. A no crucificarme sólo en la espada y la venganza de la culpa que no había nunca restaurado.
Son tiempos de escribir y de alejarme, pero no de esconderme. Son tiempos de sufrir y de descubrir la semilla del dolor, el dolor sanador de la huesera, y no el dolor de la censura y secuestro de Monstruo ni de la atracción desarraigada de mi piedra secreta. 
Y son tiempos de volver al Bosque. Pero con humildad. Una humildad que no sea una rendición, ni el orgullo de mi suicida. Ni la falsa santa del quebranto de mi piedra que en realidad guarda el secreto de haber deseado la muerte y nunca haber soltado el cuchillo que hundió en su corazón. 

Son tiempos de curar en mi desierto a mi animal herido. A mi instinto herido. Y por eso son tiempos de sangrar. De sangrar lo que en realidad llevo sangrando toda mi vida. Pero con conciencia. Mi herida antes estaba detrás de mí, oculta en algún paraje de las tinieblas de mi monte. Enviándome su secreto, su reproducción, su metáfora. Esperándome, abriéndose. Buscándome desde la negrura, desde el Infra. Mi ego me impedía aceptar de que yo era un animal herido. Mi agitación hacia la vida, hacia el deseo de encontrar el bosque hacía que yo huyera también de mi herida y equivocara el camino. Pero jamás se huye del Instinto herido. El animal salvaje te llevará antes al infierno. El animal salvaje se agarrará como una bestia a tu espalda y te obligará a ver sus ojos. Aunque se parezcan a la muerte.

Ahora tengo la conciencia de que mi animal salvaje está herido. Y tengo la voluntad de curarlo. Y sé que para eso tengo que atravesar mi desierto, mi negrura, buscar a la huesera.

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