HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora es un camino de luces y sombras, de escarpados, de aullidos que habían quedado aislados en las cicatrices de un cuaderno. De estar alerta, de fruncir a veces el ceño al ascender una sombra, al crotorar lo que se llevó el río. Estoy descendiendo hacia el fondo de mi herida. A la vez que algo asciende a la desnudez del bosque. Por eso ahora es momento de velar también la paciencia en el hambre. De aguantar lo que duele sin soltar los pájaros del bosque, pero no pudiendo del todo gozar su canto en el pecho.

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