HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora espero a que termine de hacerse la comida para salir un rato al monte con Kav. Noto algo de la nostalgia. Pero he de estar dispuesta al Bosque. A sostener viejos gritos y darles más agua, abrir sus espacios. Velar el petricor. La transformación a veces cruza espacios de tensión, escuchar entonces a los árboles llega a veces como una herida, algo que mezcla el amor y la pérdida. Remar hacia el Silencio, hacia los bodegones que se empañan con salvia. Aceptar los tempos de la Polilla Negra. El bosque está en todas partes. En cada habitación tiene un verso distinto para acercarse. Todo tiene que sonar y fluir. 
Creo que hubo algo en mi corazón que se puso más sanguíneo. Y eso me dejó también una retaguardia del río. Algo en mí se embriagó y los álamos descorrieron también el danzar del murciélago. Somos muy complejos. Todo está vivo. Todo cambia. Todo se refleja en nuestra evanescencia y nos inunda. La repeteción sólo es un engaño perceptivo de la mente. Adquirir el cuerpo metamorfósico del agua a veces se sostiene en el sufrimiento de la mariposa, en el vínculo con el Fauno. Esa tensión en realidad es una semilla. Es la angustia creadora que acerca a lo Desconocido. Si prestamos atención a nuestros sentires inefables, nos damos cuenta que vivimos siempre sobre la hoguera y que un Monstruo sopla huesos de asteroide. Adentrarse mucho en la hoguera también nos puede quemar vivos. Yo a veces me adentré demasiado y acabé perdiendo por un tiempo el vínculo con la realidad ordinaria. Por eso ahora también dejo en ella migas de pan para los pájaros.

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