HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me he quitado un peso de encima.
El peso de ser quién no soy, quien no quiero ser. El peso de jugar a ir, donde en realidad no voy. Donde no vive El Bosque.
Me he quitado de encima, a mi mujer cívica y su cadáver atragantado entre viejas tumbas del amor que murió por suerte y morirá mil veces más, en los labios de la Huesera, al lado de un cuervo, un venado, un lobo, una polilla y un escarabajo.
Vuelvo a ser, un animal, hija del monte, casada con la muerte y con las estrellas.
Vuelvo a ser toda mi masculinidad, todo mi reino vegetal, inerte, acuífero y etéreo. Vuelvo a ser mi perro negro. Mi manada de desiertos y ramas, agujeros de topo y relinchos. Vuelvo a ser viuda de todos los humanos. Vuelvo a dar mi amor a su legítimo dueño que es exclusivamente el Fauno.

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