HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me relajo un poco. No quiero andar siempre con un bisturí y una cerilla. Con mi coleccionista de muertos. Con el hambre del bolígrafo de tierra. Debo darme también la brizna de los chopos, para no olvidarme de la música, ni de los mandriles. Dejarme fluir. Llegar a mi corazón desde el esqueleto de tortuga y besar la mar. Abrir también el rizoma de la cigarra, del beso del vino, del baile, de mi coartada de sapo, de mi error enamorado, de mi corazón de oruga y de piojo. Juegos de perro. Cotidianas ruinas que protegen también en el puerto los nombres de los barcos. Ser liberada todas las que alguna vez fui. Que no se me crucen los cables del ansia de la huesera. Que no empieze a quemar libros en mis ojos y a no dormir. Que no empiece a correr como alma que lleva el diablo... olvidándome de reír y de amar. Que no me embosque otra vez en mi carnicería del hueso. Que me permita el olvido. Aunque estoy en la batalla. Aunque uno de mis bichos tiene que dormir con un ojo abierto. No hay que manchar el agua. Debo crear una selva a mi alrededor, un huerto con escarabajos de la patata, un gato de mimbres y salitre, un sueño de castores, un remo de tierra caduca, desliz de lluvia, bodegones que se cambian su materia inerte por un velorio donde nunca ha muerto nadie. Todo de plumas de león. Todo de tormenta que conoce el tambor del desvelo de la luna. Cólera de la llama erosionando la piedra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario