HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Algo en mí, estos días en el Bosque, no quiso beber el agua, ni tomar los dedos de los árboles, ni agarrarme a la miga del gorrión, ni bailar junto a las espigas y el musgo. Algo se echó hacia la latitud de la resistencia del hambre. Algo me horfandó desde mis entrañas, me echó al filo, lo tensó, me obligó a meterme por mi propia brecha. Como si mi niña perdida estuviera perdida en alguna rama. Como si me impusiera desde lo abstracto un sacrificio, un sufrimiento. Tal vez es necesario. Es algo muy abstracto que a la mitad está mordido por un jabalí y un charco. Es algo que yo sé desde el radar del libar de mi Insecto. 
Pero ésta invocación sobre la oscuridad del bosque. Ha hecho más latente mi herida. 
Tal vez es por la búsqueda de la Piedra ensangrentada.
Tal vez es por ese rito de ir con la suciedad y con la sangre en mi piel. Y no lavarme. Y no comer. Y descender.
Tal vez es por no ser compasiva conmigo. Por obligarme a la fiereza del Fauno. Tal vez es un ejercicio de resistencia y de aguantar bajo mi Infra. 
Tal vez el dolor de mi piedra ensangrentada, tiene que ir doliendo en niveles más profundos hasta que yo pueda leerla.
Tal vez es así como hay que atravesar el desierto.
Algo en mí anoche quiso el amor, quiso que yo me protegiera. Un nervio de fuego en mi tripa, reclamó el reconocimiento del bosque. No sé si eso es debilidad o es también algo que necesito ejercerme para defender mi vida y el amor. 
El desierto se sostiene en un Hueco. Yo sé que hay momentos que es mejor dejar a ese Hueco intacto y libre de pretensiones. Porque amarrar allí un hueso del deseo, es traicionar al desierto y perderse en sus profundidades. Aunque tal vez ese hueso del deseo, sea también un proceso natural del desierto y a través de su invocación se descubre más hondo la piedra ensangrentada y la perdición. La perdición va acercándonos a la huesera.

De alguna manera todos los mecanismos y tableros y casas de mi psique y de mis sentimientos y las regresiones, están esparcidos en mi arena. Y ninguno dice, mío, ni aquí, ni mañana ni verbo. Sólo sangran. Tal vez esto ha de ser así, aunque sea angustiante, para reunir mis huesos extraviados. 

Y es conveniente de que pasen por mi corazón. Y que mi corazón cante. Porque sólo el corazón distingue y desvela. Tal vez mi corazón es el que más sangra de todos. Y yo tengo que aguantar todas las llamadas y moverme, aunque no sepa hacia dónde me estoy moviendo. Tengo que agarrar el deseo de volver a casa como una kalasnikov y el aire y el agua, aunque no entienda nada de lo demás ni sepa dónde está mi casa. Aunque por el desierto a veces aparezcan ilusiones que yo agarre como carne y luego me pierdan mucho más. Ese es ciclo del desierto. Esa es la única forma en la que se encuentra a la huesera. Yo mantengo la fe en encontrarla. En volver a mi casa. Y tengo que moverme, aunque esté ciega y coja.

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