HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Algo me duele. Pero no es un dolor. Es la tensión de una tierra que se muere. De un sendero que agita bajo las genistas el cuerpo desolado de la lluvia. No es triste mi tristeza. Es hija del árbol. De mi lombriz, de mi océano. Es hija del otro lado de la calle donde me espero. Sangra mi herida, pero no es por su llanto, es porque encima caminó un lobo, y tras su sombra, puedo encontrarlo.
No vuelvo al despensario de los duelos ni las pérdidas. Sólo entro intrusa para olisquear en su cocina, el nombre que entonces tenía el Sol para llevarme. No es mi cuerpo el que sufre, esa distancia entre estrellas. Es la vieja pintura que secó en los ventanales una historia. Y el fondo de la historia temblaba entre tus piernas, algo mucho más allá de nosotros. Son esas sombras que me buscan para que halle, al animal de cuatro patas que cruzó con fuego en sus cuernos, la noche más sola de la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario