HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche cuando estaba en la bañera y pensaba en el Bosque, también pensé un rato, en el embrujo del verano pasado, con algo de suspicacia del haber volado por los aires al otro lado. Eso me dejó un poso de tristeza y de una extraña sensación de desarraigo. Yo traté de que ésta vez fuera al lado del silencio y de los árboles. En el camino del medio. Eso unido a mis fiebres de ese poema, me dejó en un estado de ánimo un poco descompuesto. Como si todos los enunciados se hubieran arrancado de mi huerto y tuviera que empezar otra vez desde la nada.

En esos momentos lo conveniente es hacer preguntas. Y no afirmar. Porque hay algo en descenso, algo herido, algo que regurgita una sombra huérfana. Lo necesario es trazar los anagramas y aguardar a que el movimiento del paso toque otra vez las brasas. Son instantes de andar en círculos a ciegas. Y es mejor no alimentar una estructura en la mente. Es mejor romperla, rodearla de una duda creadora, no amarrar un encaje, no amarrar un lecho. Que nada nos oiga. Yo a veces vivo en la angustia de arrojar un verbo y seguirlo. Pero hay ciertos lugares de la psique, que es mejor esperar en el canto del vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario