HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche he estado contradictoria. Algo de lo que escribí me arrojó sobre una trampa. Mis poemas empezaron a escribir sobre tomar riesgos, desde la hechura abstracta que más temo. Acudir más dentro. Pero después me dio la ebriedad y algo en mi latido, desvió ese riesgo urgente, hacia el amor. Y no era la misma cosa aunque convergieran sobre el mismo cadáver. Eso me dejó flotante de ceniza. Y supe que había algo errático. Algo que vulneraba mi camino por el desierto. Algo que me daba la sensación otra vez de alejarme del bosque. Aunque comprendí mis mecanismos lunáticos y poéticos. De alguna manera éste invierno fueron mis poemas los que me hicieron ir por aquí o por allí. Fueron ellos los que azuzaron el fuego que luego busqué. 
Algo de lo que sentí ayer, volvió a poner patas arriba toda mi casa. Creo que algo en mí en la madrugada se puso a la defensiva, hacia lo ermitaño. Suele ocurrir que cuando se abre demasiado una puerta, la ventana del fondo hace corriente y la rompe a la mitad. Recordé también un comando importante de la última vez que lo vi, y fue la despedida, una despedida de marineros y nómadas, una pintura de musgo y de petricor. Una detención del reclamo. La libertad de un viento de nadie en nuestras pieles. El Bosque llevándome a sus parajes. La náusea de Monstruo revolcándome en sus lagos, en paz de bestias y de adioses. Al crujido de la amapola. Al tren que no es para ti. Al ya no somos nada y por eso nuestras las estrellas.

Por alguna razón, a veces lo olvido todo. Me embriago de poemas. Mi corazón se despoja con las aves. Y yo quemo a lo bonzo las viejas raices y mapas y me tiro hacia el canto. Esto es una forma peligrosa de vivir. Y en el fondo muy lunática. Creo que es parte de mi hálito don quijote. Se me formulan ciertas ecuaciones de mezcal y queroseno, y desoigo lo que recogió la Polilla, lo que supe del desierto, de la tierra peremne de las urracas. De ésta manera lo que hago es delirar un agujero de gusano en una probabilidad esquizoide y borracha, que ama como el LSD, otro horizonte, aunque nada racional dice que se llegará ni que puede pertenecernos.  Los pasos que trajeron a la Polilla Negra deben permanecer escritos en mi playa. Y ayer, lo borré todo por el ardor de un poema. Y creo que justo eso es lo que llevo haciendo todo éste invierno, lo que me dicta el coyote, en ciertas noches era incendiado al renglón improbable de una luna ebria.

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