HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Aquello nunca acabó.
Arremángate los gusanos. Y házte un topo.
Con el tiempo igual nacen bastiscafos por las pupilas.
Pero no le pongas una pierna ortopédica al hambre. No pongas al sol que más calienta, nuestra miseria. No saldremos ilesos. No volverá el amor tragado por el naipe, con el tapete boca abajo, con el corazón retorcido en la brecha, alargándote su sombra, hasta que escupes el hueso.
Házte a un lado. Que la bruma vaya delante. Que los jilgueros te devoren las palabras.
Que bebas el orujo de tu tumba. Que el tiempo disloque el cuerpo, que te encane el pelo, que te ronque la voz con el tequila, que te arrugue la cicatriz, que te hunda muy adentro los ojos. Que te aulle barriobajo donde las flores mueren de frío. Que no te engañe. Que no compres baratijas. Que no tapes agujeros con quimeras. Que de llorar, llores la peremne tierra, que llores la largura del Sol, que llores las fosas del 36, el tambor del neandertal, la primera hierba.
Caminamos hacia el final. No te pongas ropa elegante. No te perfumes el hedor del inframundo. Que los harapos tengan restos de la sangre, del puño, del grito. Que los perros te reconozcan. Que las esquinas te hayan oido pasar a 200 metros bajo tierra. Que esa mano congelada en tu mano, te abra el frío del universo. Nuestra sangre se secará. Nuestros ojos se vaciarán. El devenir de la roca, es nuestro devenir, hermanos de la grieta.
El piano se romperá. Cósete su calavera en tu manera de quitarme la ropa. Yo beberé de tu cuerpo, la muerte que me llama. Brincaremos como astros viudos el fulgor de todavía tocar la mar.

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