HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Aunque ya nunca más lo quiera escribir ni decir en voz alta, hay algo que me causa mucho miedo, y me hace muy pequeña. Aunque sólo se lo confiese al fondo de mi vaso de vino y a los perros sin dueño y a las sombras de cuatro patas que relinchan las tardes de lluvia. Hay algo de lo que he huido desde que me crecieron las patas, por lo que se hundieron mis patas en el aqueronte y en la sangre derramada de un cuervo que no cantó su último réquiem. Yo lo sé. Viene a hablarme todas las noches cuando hace frío. Y aunque lo haya querido meter en un cajón y luego meter el cajón en la hoguera y echar las cenizas a la mar. No se olvida de mí, no me suelta.. Y ahora es momento de caminar hacia allí. No tengo nada qué perder porque estoy perdida para siempre si no acudo a la llamada. Ya no es tiempo de correr como alma que lleva el diablo. Ni de hacer literatura. Ya no es tiempo de narcóticos ni de bailes de disfraces junto a la Dama Blanca. Aunque se me haga un revoltijo de huesos la voz que no se me escapa. Aunque me lleven para siempre las ratas. Hay que seguir a las ratas. Es mi talón de aquiles, es mi mayor vergüenza, es mi tabú, es mi calavera en el barco de los muertos. Es mi primera lágrima, mi fosa, mi motín de piedras y sal y cuchillas y rabia y pared y fusilamiento. Es el quebranto de mi Franquestein, su monstruosidad clavada en el tenedor del cielo que huye. Es mi mano abierta y llena de porquería temblando la fuerza del agua, hundiéndose al sentir la luz. Es lo que siempre tragó la loba para su cueva sin humanidad. Es mi víscera marchándose con la niebla donde nunca me toque la vida. 
Pero hoy voy hacia la vida.
Y para ello es obligatorio que vaya hacia mi muerte. Y a poder ser, cantando.

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