HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer estuve un rato en la bañera. Pensando en aquello de doler el duelo y no hacerme de piedra. Buscando la grieta de mi corazón para que cante el mar a través de la lágrima. Y me encontré con lugares muy lejanos de mí misma. Al intentar llorar y no poder hacerlo. Me sentí una criatura de sal y de marfil. Y vi en algún lugar de mi lejanía lugares donde se había provocado un inmenso dolor en mi psique y yo me mantuve recubierta por la más densa ausencia. Durante un instante recordé a Léolo en la bañera. Recordé de algún modo sufrimientos que se habían formado en la grieta de los mundos, en los caballos de la locura, y algo en mí se quedaba como una piedra que volaba hacia la inexistencia. Algo se desfocalizaba de mi corazón, de mi historia humana, del recuerdo de mi espíritu, y se quedaba levitando en un extrañísimo lugar sin mundo. Regresioné a ese tipo de sitios y algo muy lejano me susurraba extraños cantos. Luego empecé a jugar con los dedos de mi pie y a canturrear. Me levanté de un salto y lo dejé estar. 

Por la noche cuando estaba con mi vieja en la mesa de la cocina tuve un flash back de la datura. Hacía mucho tiempo que no tenía ese tipo de deja vu. Tenía qué ver con la náusea de las luces. Recordé como si corriera otra vez por mis venas, los efectos del estramonio con las luces en mis ojos, una sensación en la piel en la que parecía que también entraban los ojos. Una energía espeluznada entre la atmósfera y yo, haciéndonos la misma cosa y a la vez condenándonos a una separación de fuego y abismo. Fue algo que me dio un poco de vértigo. Pero comprendí mejor mi náusea de las luces. Yo no la había asociado a la datura. Yo la había asociado a la llamada de Monstruo, al cambio de frecuencias de la mariposa. Al látigo del viento. 

Me dio algo de pavor sentir que aquél viaje todavía estaba vivo y que de algún modo he de volver a recorrerlo.

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