HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer traté de reblandecer mi corazón. Fui consciente que ciertos abismos del pasado habían incrustado en él, un malecón, una pared de fusilamiento, un ultraje de mosquitos de plomo, de olas de piedra. Fui consciente que ante ciertos fados, en lugar de que él grite su grito, retrocede, se atrae en mi Infra, aguarda al lado de la inexistencia el rubor del cierzo y de los árboles. Fui consciente que ese método defensivo, es la cólera de la piedra ensangrentada. Y que ahora necesito con urgencia el lenguaje del alma, su paso liberado, porque su paso, aunque ande por el Leteo, es el único que sabe lo que hay que hacer y no pierde el camino del Bosque.

Pero no es tan sencillo abrir su canción cuando el animal herido en el interior anda en una emboscada. Es muy díficil que llore esa lágrima que tira la pared y vuelve a la salvia y a la mar. Esa lágrima es la más díficil de todas. Sobretodo si se ha estado mucho tiempo en la sombra.

Me dijo el bosque que mi coraza era también una coraza para poder escuchar al bosque. Que mi dique me separaba del bosque. Que me peleaba entre el ego y la cucaracha de Kafka. Que nutría mis rencores, mi exilio, mi no comprender, mi no poder amar ni ser amada, mi paso retroactivo a la sumersión y a la niebla. 
Yo sé que detrás de todo está la sombra del corro de la bruja y su herida. Los muertos que no tuvieron un canto de amor. El mapa de los naufragios. El líquido amniótico y mortal de la mariposa cuando volvió a ser gusano en la metamorfosis de la Casa de la Rata. Y su cuerpo serpenteando en la sima de las fosas. 
Yo sé que también allí, está mi Monstruo que jamás fue besado por ningún humano, pero lo que es peor de todo, ni por mí misma. 
Yo sé que sólo el Fauno puede besar la herida y sangrar todos los huesos en la explosión de mamá muerte y regresar libre al bosque.
Pero aún no he sido capaz a echar esa lágrima.

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