HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cantan los gallos. Mi mirada de papel, desciende el gobierno de la ortiga, en un piano descamisado. El corazón es un loco. La cobertura de Comala empuja pisadas debajo de las piedras y en mi habitación los armarios abren la calavera del puerto como ese timón que tomo de tu sigilio cuando la nieve entierra rosas en las sábanas.
Han pasado tantos días en el monte. Que los bastones de hojarasca golpean gemidos animales en mi exilio. Y una ventana expulsa la hiedra donde mi diástole de cristal espeja la oscuridad del bosque. Es muy raro todo lo que se escribe en el desierto. Un tambor rompe en mi pecho la albura de la cueva. La Polilla Negra besa mortalmente el cúmulo de escombros que velé al canto del Sol. Y mi equilibrio se contrae en un alúd de casas abandonas que cuidaron siempre de las flores.

Te echo de menos. Mientras avanzo a ese lugar que no puede sobrevivirte.

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